Aceptación: la llave que nos abre el camino para avanzar



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La tendencia de cualquier ser humano al estar ante una situación complicada o al sentir una emoción desagradable es querer huir, salir de ahí lo más rápido posible. Esto sucede por varios motivos. Para empezar, nuestro cerebro siempre busca protegernos de cualquier peligro, así que cuando siente que vamos a sufrir o que podemos salir herid@s, nos manda el mensaje de "sal de aquí YA". En segundo lugar, la sociedad no invita a hablar sobre las emociones difíciles; es más, las cataloga como "negativas". La tristeza, la frustración, la rabia, la decepción, el miedo... todas ellas son "malas" y no son bienvenidas, porque queremos "good vibes only". Por último, al tener tan poca práctica con este tipo de emociones, muchas veces sentimos que no vamos a poder con ellas, que nos van a hundir, que se van a hacer más grandes si las miramos de frente. Pero nada más lejos de la realidad.


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Aceptación no significa resignación. Aceptar significa que dejamos de luchar contra la realidad, y abrimos la puerta a conocer qué hay detrás de nuestras emociones, especialmente de las más difíciles. El camino hacia la aceptación no es fácil, y cada persona lo recorremos a un ritmo distinto, pasando por las diferentes etapas de la aceptación: Resistencia - Explorar - Tolerar - Permitir - Acoger



1. RESISTENCIA


En un primer momento, aparece la resistencia a experimentar la emoción difícil, y solemos luchar contra la incomodidad que nos provoca. Como no queremos sentir lo que sentimos, lo evitamos de todas las maneras posibles y nos enfadamos porque ha aparecido algo que quizás nos ha estropeado el momento.


Algunas formas en las que la resistencia se enreda: "yo no quiero esto", "esto es demasiado, no voy a poder", "¿por qué me pasa esto a mí?", "así no voy a aprender nada", "qué injusto es todo"...


Esta tendencia a la evitación es perfectamente normal y humana, nadie buscamos pasar un mal rato. Simplemente es importante darse cuenta de que estamos experimentando cierta resistencia, tomar nota y quizás volverlo a intentar en otro momento.



2. EXPLORAR


Este es uno de esos momentos "insight": un momento de claridad, en el que nos damos cuenta de que quizás ha llegado el momento de ver qué hay ahí, qué se esconde detrás de eso que hasta este momento no hemos querido o no hemos sabido cómo mirar.


La intención no es "obligarnos" a estar con la incomodidad. La intención es darnos cuenta de que hay una incomodidad y girarnos hacia ella, con curiosidad y con amabilidad, para ver qué hay debajo.

Siempre a nuestro ritmo, sin forzar ni pretender cambiar nada; simple observación de lo que hay, aquí y ahora.


Una actitud de exploración podría ser "no me atrevo todavía.... me da un poco de miedo... pero me asomo a ver qué hay..." Sin obligaciones, ni metas que alcanzar; simple observación amable y curiosa, de lo que te sucede en este momento.



3. TOLERAR


Una vez que hemos abierto la puerta a explorar la emoción difícil, podemos decidir si queremos continuar. En este punto es especialmente importante el autocuidado: regular la intensidad que queremos/podemos tolerar en estos momentos, para poder mantenernos segur@s ante la incomodidad. Muy poco a poco, a nuestro ritmo, vamos ablandando la resistencia al malestar emocional, vamos liberando espacio para acoger y cuidar esa emoción difícil.


Si en algún momento la emoción sube de intensidad a un ritmo demasiado rápido o a un nivel demasiado alto, lo mejor es que demos un paso atrás y volvamos a la exploración. Cada persona conoce sus límites, su estado de ánimo, su nivel de energía... Así que tú decides, puedes regularte y confiar en tu propia sabiduría.


Quizás puedas probar a decirte: "voy a intentar hacerle un hueco a esta emoción, darle espacio para que se exprese... regulándome, y sabiendo que puedo parar cuando lo desee..."



4. PERMITIR


Ya hemos observado esa emoción difícil y le hemos hecho un pequeño hueco, regulando la intensidad para que la emoción no nos arrastre. Quizás ahora podamos dar un paso más y permitir que la emoción venga y vaya, como un péndulo: "abro la puerta, veo directamente el sentimiento o la emoción difícil, y la invito a pasar..." Tratando de no enredarnos en ella, ni de intentar cambiarla; tan sólo permitiendo que se exprese y desaparezca cuando llegue el momento. Permitir también es no controlar.


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Como dice el precioso poema de Rumi, La casa de huéspedes:


El ser humano es una casa de huéspedes.

Cada mañana un nuevo recién llegado.

Una alegría, una tristeza, una maldad.

Cierta conciencia momentánea llega

como un visitante inesperado.


¡Dales la bienvenida y recíbelos a todos!

Incluso si fueran una muchedumbre de lamentos,

que vacían tu casa con violencia.

Aún así, trata a cada huésped con honor,

puede estar creándote el espacio para un nuevo deleite.


Al pensamiento oscuro, a la vergüenza, a la malicia,

recíbelos en la puerta riendo

e invítalos a entrar.


Sé agradecido con quien quiera que venga

porque cada uno ha sido enviado

como un guía del más allá.



5. ACOGER


Si hemos permitido que la emoción se exprese, ¿quizá podamos escuchar lo que tiene que decirnos? El dolor siempre nos avisa de que hay algo que tenemos que solucionar. Cuando nos abrimos a escuchar el mensaje tan importante que esa emoción tiene para nosotr@s, cuando reconocemos que algo duele y que es incómodo, ya estamos haciendo que algo cambie, aunque sea de manera muy leve.


La no resistencia, la actitud de no-lucha nos permite ver la emoción con más calma y perspectiva, nos ayuda a entender por qué ha aparecido y nos da el espacio necesario para poder sostenerla, sin dejarnos arrastrar por ella.


Quizás podamos invitar a la emoción a que nos cuente: "Adelante... sé que has venido a darme una información muy importante para mí, que me va a permitir atravesar esta situación... así que cuéntame..."



Sé que puede resultar difícil, especialmente si nunca nos hemos parado a escuchar lo que nuestras emociones tienen que contarnos. Te invito a que observes, a que reconozcas tus emociones y a que te des cuenta de cómo te relacionas con ellas... y si quieres, quédate un poquito, respetando tus necesidades y limitaciones en el momento, pero quédate y date cuenta de que te puedes quedar con esa emoción, que puedes sentirla, sin evitarla y sin perderte en ella.



Este breve vídeo muestra muy bien cómo cuanto más luchamos contra algo, más grande lo hacemos: