Gestionar la ansiedad: tu mente es más fuerte de lo que piensas


ansiedad mindfulness


La mente es fuerte y poderosa, y también puede parecer muy caprichosa: tiene la capacidad de ignorar argumentos racionales perfectamente válidos y tomar decisiones aparentemente ilógicas. Pero siempre con un único objetivo: protegernos.


La ansiedad se mueve en un continuo, por eso todas las personas la experimentamos aunque con distintos grados de intensidad. Ante posibles peligros, nuestro cerebro responde activando todos los mecanismos necesarios para que reaccionemos rápido y nos pongamos a salvo. El problema viene cuando nuestro cerebro se vuelve demasiado sensible a las amenazas y ve peligros en cualquier lugar, manteniéndonos continuamente en alerta máxima. La ansiedad entonces pasa de ser un mecanismo adaptativo a ser la razón por la que nos cuesta respirar, pensar e incluso estar.



¿Por qué la ansiedad tiene tanta fuerza?


La ansiedad nos mantiene a salvo y es la responsable de que hayamos sobrevivido durante miles de años. Ante el peligro, manda una señal de aviso para que tomemos una decisión: luchar o huir. Para la mente el peligro es real, y por eso manda señales muy potentes que podamos escuchar y que nos mantengan alejados de los posibles peligros. Si no le prestamos atención, grita más; si no la atendemos, nos manda señales cada vez más fuertes. La mente sólo quiere protegernos, pero tenemos que enseñarle a no ver el mundo como una constante amenaza para nuestra integridad.



Si luchar contra la ansiedad no funciona, ¿entonces qué hago?


Cuanto más luchemos contra la ansiedad, más fuerte aparecerá. Algo que sorprende mucho a las personas con las que trabajo en consulta es cuando les digo "en lugar de intentar que la ansiedad desaparezca, prueba a aceptarla". Sé que puede parecer contradictorio, ¿cómo voy a aceptar algo que no me deja vivir en paz? Porque como ya sabemos, la ansiedad va a aparecer queramos o no. No podemos controlar que aparezca, pero sí podemos decidir cómo reaccionamos ante su presencia. Si luchamos, seguirá volviendo y cada vez con más fuerza, porque lo único que quiere es que hagamos caso de sus advertencias; al fin y al cabo, está convencida de que hay terribles peligros acechándonos y no quiere que suframos (irónico, ¿verdad?).


Pero si en lugar de luchar por controlarla, la aceptamos e incluso la invitamos a entrar, aprendemos a relacionarnos con la ansiedad de otra manera. En vez de sentir miedo ante su presencia, quizás podamos sentir curiosidad por lo que nos quiere decir. Cuando aparezca, podemos incluso decir algo así: "ah, hola, ya estás de nuevo por aquí..." permitiendo que esté y tratando de descifrar lo que nos quiere contar. Por supuesto, como la ansiedad está continuamente en alerta, tendremos que explicarle que la mayoría de las veces no hay tal peligro pero que le agradecemos que nos haya avisado: "gracias por el aviso, pero creo que estoy bien; sé que lo haces por mi bien, pero me estás agobiando demasiado y no me estás dejando pensar con claridad".



Sin prisa pero sin pausa...


El cambio no ocurre de la noche a la mañana. Nuestra mente lleva repitiendo los mismos patrones mucho tiempo y desaprender un hábito requiere paciencia y perseverancia. Con el tiempo y la práctica, aprenderemos a observar nuestros pensamientos sin identificarnos con ellos y a escuchar a nuestra ansiedad sin dejarnos arrastrar por ella. Al menos, la mayor parte del tiempo; al fin y al cabo, seguimos siendo humanos.


Existen diferentes estrategias, técnicas y prácticas para aprender a gestionar y entender la ansiedad. Ninguna de ellas es en sí misma la cura milagrosa: siento decirte que eso no existe. Una de las claves es probar con una, repetirla, adaptarla a nuestra manera e integrarla en nuestra vida. Día tras día. A veces puede resultar frustrante no ver los cambios que nos gustaría; la impaciencia es mala compañera de viaje para la ansiedad. Esto es una carrera de fondo, no de velocidad. Entender y gestionar la ansiedad implica cambiar los viejos hábitos por unos nuevos, y eso lleva tiempo. Confía en el proceso e intenta no desesperar. Recuerda que no estás sol@ en esto.



Usa la fuerza y el poder de tu mente


Siempre digo que la ansiedad es la mente yendo más deprisa que la vida. Es un incesante goteo de "¿y si...?" que nos hacen vivir en constante angustia. Y lo más importante: es el poder de la mente de ir contra la propia mente. Piénsalo. Una mente invadida por la ansiedad es capaz de imaginarse cientos de escenarios en los que puede ocurrir algo malo; es capaz de pensar en mil argumentos que avalan su miedo; es capaz de convencernos de que no vamos a ser capaces de soportar cierta situación... ¿Y si usáramos todos esos recursos para fortalecernos?


Durante miles de años, la mente nos ha dado a elegir sólo entre dos opciones: luchar o huir. Pero ahora sabemos que hay una tercera opción: permanecer con lo que acontece. Esta manera de relacionarnos con la experiencia nos permite aprender de ella, hacer uso de todos nuestros recursos e incluso aprender algunos nuevos para el futuro. Estar presente es la única manera de entender lo que sucede y decidir cómo respondemos. Tener una actitud de curiosidad sincera hacia lo que sentimos nos ayuda a gestionar mejor nuestras emociones. Cultivar la atención plena (mindfulness) facilita el autoconocimiento, clave para cualquier proceso de cambio.


Las investigaciones científicas revelan que la práctica de Mindfulness ayuda a observar nuestros pensamientos (sin identificarnos con ellos), mejora la atención y ayuda a regular las emociones. Si estás interesad@ en aprender más sobre Mindfulness, el próximo mes de junio empezamos curso online!


En el próximo artículo os dejaré algunas estrategias para ayudarnos a gestionar la ansiedad y, sobretodo, a entender porqué aparece.