Mindfulness y Psicología

" Sólo cuando la mente se encuentra abierta y receptiva puede producirse

el aprendizaje, la visión y el cambio "

- Jon  Kabat-Zinn - 

Mindfulness y Psicología

En los últimos tiempos, los investigadores del campo de la neurociencia han podido establecer los efectos beneficiosos de la meditación mindfulness en el funcionamiento del cerebro, y ahora hay evidencia científica de que incorporar los principios de la atención plena en la práctica psicoterapéutica puede ser muy beneficioso para una amplia variedad de tratamientos. Además, también se ha sugerido que la atención plena puede mejorar los resultados de la terapia, independientemente de la orientación teórica del terapeuta que la guía. Este planteamiento se basa en la idea de que el desarrollo de habilidades de atención plena ayudará a promover la capacidad para observar su experiencia desde nuevas perspectivas, y para interrumpir los patrones de respuesta habituales, como los pensamientos y los comportamientos automáticos.

La aplicación de Mindfulness en el ámbito de la terapia, tanto mediante prácticas formales como informales, ayuda a mejorar la relación profesional y la alianza terapéutica, además de promover actitudes como amabilidad, aceptación, gratitud, empatía y compasión. Aplicado en la terapia psicológica tanto en niños, como adolescentes y adultos, tiene múltiples  beneficios  para el bienestar general: ​reduce la rumiación cognitiva, mejora la atención y la concentración, ayuda a reducir el estrés y la reactividad emocional, proporciona más flexibilidad cognitiva y mayor satisfacción en las relaciones, mejora el autoconocimiento y ayuda a modular el miedo.

AVISO: NUNCA, en ningún caso, Mindfulness sustituye el tratamiento psicológico y/o médico que la persona pueda necesitar; es una práctica que complementa y que promueve hábitos (mentales y físicos) saludables en todas las personas que la realizan.

Mindfulness y pensamientos

La mente está preparada para crear pensamientos, de todo tipo y a todo momento. Puede ser nuestra mente imaginando acontecimientos futuros y ensayando lo que haremos o diremos. Puede ser nuestra mente recordando situaciones pasadas, quizás aprovechando para preguntarnos qué habría pasado si hubiéramos dicho o hecho algo de diferente manera. También puede ser nuestra mente comentando el momento presente, con el sesgo de nuestros prejuicios, miedos y especulaciones.

La mayoría de las veces los pensamientos en sí mismos no causan grandes dificultades: llegan, dan unas vueltas y luego son reemplazados por otros pensamientos. Sin embargo, en algunas ocasiones los pensamientos pueden contribuir a agravar problemas personales, y es entonces cuando es necesario aprender a no quedarse atascados en los interminables bucles mentales que a veces crean.

La atención plena nos ayuda a desarrollar la capacidad para reconocer que un pensamiento es sólo eso, un pensamiento, sin importar el contenido. Esto no implica aceptar el pensamiento ni mucho creer que es cierto; todo lo contrario, al darnos cuenta de que sólo es un pensamiento, podemos no aferrarnos ni identificarnos con él. También nos enseña a reconocer la presencia de un pensamiento, darle espacio y luego dejarlo ir, sin resistirnos ni luchando para que desaparezca. Aprendemos a observar el pensamiento de manera más objetiva: descubrimos que el pensamiento en sí mismo no tiene ningún efecto, tan sólo es un fenómeno mental que surge y desaparece por sí mismo, si dejamos que siga su curso natural.

Cualquier persona podemos beneficiarnos de distanciarnos de nuestros pensamientos y de no creer todo lo que nos cuentan, pero es una habilidad fundamental para aquellas que están atravesando problemas de  ansiedad  o  depresión.

Mindfulness y sensaciones corporales

Al igual que sucede con los pensamientos, la atención plena nos ayuda a desarrollar una nueva relación con las sensaciones corporales: si bien no podemos controlarla, el grado de sufrimiento que puede causar depende en gran medida de nuestra perspectiva y nuestra relación con dicha sensación. 

Aprendemos a reconocer que cada sensación corporal es sólo eso, una sensación que ocurre en el cuerpo, independientemente de la calidad de la sensación (agradable, desagradable o neutra). Aprendemos a observar las sensaciones corporales de manera más objetiva, como fenómenos transitorios que surgen y se desvanecen o, al menos, aumentan y disminuyen en intensidad, normalmente por sí mismos.

La atención plena permite experimentar sensaciones corporales desde una perspectiva de desapego, lo que puede ser muy beneficioso en casos de  dolor crónico, así como en problemas de  ansiedad, en los que una de las sensaciones corporales más característica es la activación excesiva (ataque de pánico, trastorno de control de impulsos, agorafobia, trastorno de estrés postraumático...)

Por último pero en absoluto menos importante, mindfulness evidencia la relación entre pensamientos y sensaciones corporales: un pensamiento puede desencadenar una sensación corporal ("no voy a poder con esto" puede generar sensación de falta de aire) y, a la inversa, una sensación corporal puede desencadenar un pensamiento (una sensación de falta de aire puede generar el pensamiento "me voy a desmayar").